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DOLOR PÉLVICO CRÓNICO

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DOLOR PÉLVICO CRÓNICO

El dolor pélvico crónico (DPC) se define como un dolor localizado en la zona pélvica (porción inferior del abdomen) de más de 6 meses de duración. La sensación dolorosa puede focalizarse en diferentes zonas:

  • en la vagina
  • en la zona perineal (entre el ano y la vagina o entre el ano y el escroto)
  • en el escroto
  • alrededor del orificio vaginal
  • en el ano
  • etc.

El problema fundamental de estos pacientes es que muy pocos médicos piensan en este síndrome cuando acuden a la consulta. Esto hace que el diagnóstico se demore mucho tiempo, habitualmente años, antes de iniciar un tratamiento adecuado.

Las causas del síndrome de DPC son muy numerosas y variadas: intervenciones quirúrgicas vaginales o pélvicas, traumatismos (incluyendo pequeños traumatismos reiterados), procesos inflamatorios o infecciosos de la pelvis, etc. Por lo general, el dolor se produce por irritación del nervio pudendo o una de sus ramas. Se trata, por tanto, de lo que denominamos como “dolor neuropático” frente al que los analgésicos habituales no hacen nada.

Es muy característicos que el dolor se desencadene o acentúe cuando el paciente se sienta y remita al tumbarse. Además del dolor, pueden aparecer síntomas urinarios (urgencia, frecuencia, incontinencia, escozor, etc.); problemas con la deposición; problemas o dificultad para tener relaciones sexuales; disfunción eréctilLa impotencia o disfunción eréctil se define como la incapacidad habitual para conseguir y mantener una erección del pene que permita disfrutar de una relación sexual satisfactoria. Las principales causas de la impotencia se pueden clasificar de la siguiente forma: Impotencia psicógena: cuando tiene un origen psíquico. Impotencia neurológica: cuando la causa del problema se debe a una alteración en la regulación neurológica de la erección. Impotencia vascular: cuando el problema obedece a una alteración en el aporte de sangre arterial al pene o en le retorno venoso desde el mismo.; alteraciones de la eyaculación, etc. Todos estos síntomas asociados son los que despistan al médico que trata a estos pacientes, dificultando el diagnóstico definitivo.

El estudio necesario, en estos pacientes, incluye las siguientes pruebas:

  • Exploración física, localizando aquellos puntos que desencadenan la sensación dolorosa (puntos gatillo) y valorando el estado de la musculatura pelviana.
  • Resonancia Nuclear Magnética (RNM) de la pelvis, con especial atención a las zonas donde más probablemente pudiera producirse el atrapamiento del nervio
  • Estudio neurofisiológico del nervio pudendo

El síndrome de DPC generalmente requiere un tratamiento largo y múltiple, incluyendo:

  • Tratamiento farmacológico: como ya se ha comentado anteriormente, los analgésicos habituales no son efectivos en esta situación. Se deberá recurrir a medicamentos antidepresivos; anticomiciales de última generación; benzodiacepinas; etc.
  • Infiltración de los puntos dolorosos con corticoides, anestésicos locales, etc.
  • Tratamientos de fisioterapia: electroestimulaciónTécnica de fisioterapia que consiste en aplicar descargas eléctricas de muy baja intensidad sobre un músculo o grupo de músculos para que se produzca una contracción refleja de los mismos. Según sea la intensidad y la frecuencia de la descarga eléctrica, se consiguen diferentes objetivos. Este tipo de técnicas tienen muchas utilidades: Recuperar el tono muscular de músculos dañados, atrofiados, en desuso, etc. Para mostrar al paciente la sensación que debe de tener al contraer un grupo muscular que apenas percibe o que no consigue contraer a voluntad Potenciar la capacidad muscular, masajes, etc.
  • Tratamiento quirúrgico

Una vez se establece el diagnóstico, las terapias utilizadas suelen ser muy eficaces y normalmente se consigue eliminar el dolor y los síntomas asociados.

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