Tratamiento del cáncer de próstata

El cáncer de próstata es uno de los tumores más frecuentes del varón. Actualmente es el tercer tumor más importante por prevalencia y mortalidad en la población masculina española. En los últimos años su prevalencia se ha incrementado de una forma llamativa. 

Probablemente hayan contribuido a ello factores tales como el progresivo envejecimiento de la población, la implicación de factores ambientales y genéticos, el desarrollo de métodos de diagnóstico cada vez más sensibles, etc.

Se trata de un tumor con unas características especiales: su crecimiento es muy lento, los síntomas iniciales son muy poco específicos y generalmente se confunden con los provocados por otras enfermedades benignas de la próstata, etc. Todo ello puede suponer un cierto retraso en su diagnóstico con las consecuencias que de este hecho se pudieran derivar.

No se conocen con total precisión las causas que originan el cáncer de próstata, pero se conocen una serie de factores relacionados con un mayor riesgo para padecer este tipo de tumor:

  • La edad: El cáncer de próstata es una enfermedad que suele aparecer en los varones mayores de 50 años. La incidencia de este tipo de tumor se incrementa de forma exponencial con la edad. No existe ningún otro tipo de tumor que experimente un incremento tan importante en la prevalencia con la edad.

  • Factores raciales: La prevalencia del cáncer de próstata varía enormemente en función de factores raciales y geográficos. Se sabe que dicha prevalencia es máxima entre los afro americanos (americanos de raza negra) y mínima en China. Estas diferencias es posible que se deban a una combinación de factores genéticos y ambientales. España y los países Mediterráneos tiene una tasa de incidencia y mortalidad de las más bajas en Europa.

  • Antecedentes familiares de cáncer de próstata:  Se ha podido demostrar que el 10% de los cánceres de próstata tienen un componente hereditario fundamental. Los varones con antecedentes de familiares de primer grado (padres, hermanos) que hayan padecido un cáncer de próstata tienen un riesgo mayor de padecer ellos mismos el mismo tipo de tumor. Por este motivo, si existe este tipo de antecedente se aconseja iniciar revisiones urológicas desde los 40 años.

  • Dieta: Se ha demostrado una clara relación entre las dietas occidentales, ricas en grasas y pobres en fibra, y el riesgo de desarrollar un cáncer de próstata. Son sobre todo las grasas saturadas y de origen animal las que más aumentan este riesgo. Por el contrario, las dietas ricas en frutas y verduras reducen este riesgo.

  • Obesidad y ejercicio físico: La obesidad y el sedentarismo incrementan el riesgo de padecer un cáncer de próstata.

  • Exposición ambiental a determinados tóxicos: Aunque se desconocen los mecanismos implicados, se ha podido demostrar un ligero incremento del riesgo de padecer cáncer de próstata en determinadas ocupaciones como es el caso de los granjeros, trabajadores en contacto con el cadmio (baterías, pilas, industria automovilística, etc.)

Los especialistas recomendamos realizar una revisión urológica periódica a partir de los 50 años (o de los 40 si existen antecedentes familiares próximos de cáncer de próstata).

Actualmente se dispone de medios diagnósticos capaces de detectarlo en etapas muy precoces de su desarrollo, cuando todavía no ha sobrepasado en su crecimiento a la próstata, de manera que las posibilidades de curación resultan muy elevadas.

  • El tacto rectal: Consiste en la exploración digital de la próstata a través del recto, valorando su tamaño, estructura, consistencia, existencia de nódulos, etc. Con esta sencilla exploración es posible conocer las características de la porción posterior de dicha glándula, lugar donde asientan la mayor parte de los tumores.

  • La determinación de PSA en sangre: El PSA (Antígeno Prostático Específico) es una determinación analítica de la sangre. Su elevación se relaciona con una serie de enfermedades de la próstata, tales como una prostatitis; aumento del tamaño de la glándula; manipulaciones urológicas previas, etc. Cuando un determinado paciente presenta un PSA elevado no quiere decir que necesariamente padezca un cáncer de próstata, pero habrá que seguir realizando investigaciones hasta descartar esta posibilidad.

  • La ecografía transrectal y biopsia ecodirigida: Se trata de la realización de una ecografía de la próstata mediante la introducción de un transductor a través del ano. De esta forma se obtienen imágenes de gran nitidez para valorar la posible existencia de alteraciones en su estructura. Con la ayuda de dichas imágenes ecográficas se procede a la obtención de muestras de tejido prostático para su análisis. Sólo mediante la obtención de biopsias de la próstata es posible confirmar la existencia de un cáncer de próstata.

Actualmente disponemos de múltiples alternativas para el tratamiento del cáncer de próstata. La elección de una u otra va a depender fundamentalmente del grado de extensión de la enfermedad en el momento del diagnóstico, de la edad del paciente y de su estado general. Cuando se diagnostica un tumor confinado a la glándula prostática (enfermedad localizada), se puede recurrir a la cirugía radical o a la radioterapia radical. Por el contrario, cuando la enfermedad ha sobrepasado los límites de la próstata, se debe recurrir al tratamiento hormonal o a la quimioterapia.

  • Cirugía (prostatectomía radical): Consiste en la extirpación completa de la próstata y las vesículas seminales. Para permitir el vaciado de la vejiga, se debe proceder al empalme posterior de la uretra con la vejiga. Este tipo de tratamiento se debe indicar sólo en caso de tumor localizado, pacientes de menos de 70-75 años y con buen estado general. El procedimiento quirúrgico es posible realizarlo mediante cirugía abierta o mediante cirugía laparoscópica. En los últimos años se ha desarrollado la cirugía laparoscópica robótica, que mejora los resultados quirúrgicos y reduce el índice de complicaciones. Esta es la opción que nosotros recomendamos cuando se trata de tumores localizados en pacientes con buen estado general (cirugía radical laparoscópica robótica).

  • Radioterapia: Consiste en la aplicación, sobre la zona de la próstata, de una dosis de radiación capaz de destruir el tejido tumoral. La radioterapia puede aplicarse desde el exterior (radioterapia externa) o mediante el implante de múltiples semillas radioactivas en el propio tejido prostático (braquiterapia).

  • Tratamiento hormonal: Cuando el tumor ha sobrepasado los límites de la próstata, los tratamientos con cirugía o radioterapia local resultan absolutamente ineficaces para controlar la enfermedad. En esta situación se debe recurrir al tratamiento hormonal. El cáncer de próstata necesita, para su crecimiento, de la presencia de andrógenos (hormonas masculinas). Los tratamientos hormonales consiguen eliminar dichas hormonas masculinas de manera que impiden el desarrollo del tumor, que no desaparece pero que queda reducido a una mínima expresión sin causar síntomas y sin ser detectable. Con el paso del tiempo es posible que el cáncer se haga hormono-resistente (independiente de las hormonas masculinas para su crecimiento). En ese momento este tipo de tratamiento se hace ineficaz.

  • Quimioterapia: El último escalón en la terapia del cáncer de próstata, cuando se ha hecho hormona-resistente, es la quimioterapia. Existen múltiples protocolos diferentes para su aplicación.