Láser en próstata

Desde mediados de los años 90 se ha utilizado la energía de un haz de luz láser para vaporizar el tejido prostático, tratando así la hiperplasia de próstata. La luz del láser es absorbida por los tejidos bien vascularizados, ricos en oxihemoglobina, generando una temperatura suficientemente alta en un área muy restringida, consiguiéndose así la vaporización del tejido. La penetración de la energía en el espesor del tejido es muy pequeña (1-2 mms) lo que permite ir vaporizando la próstata “por capas”. La irrigación permanente reduce el sobrecalentamiento del tejido y retira las burbujas producidas. Además de vaporizar el tejido prostático, la absorción de la energía por parte de los hematíes provoca la coagulación de la sangre, sellando todos los vasos sanguíneos y evitando así el sangrado.

Existen diferentes equipos láser en el mercado, variando la longitud de onda y la potencia del haz de luz. El láser KTP (Potasio-Titanyl-Fosfato) emite una luz con longitud de onda de 532 nm, situada en el segmento verde del espectro visual. Por este motivo se habla de láser verde. El láser rojo, por el contrario, emite luz con una longitud de onda de 670/650 nm. Existen diferencias entre uno y otro respecto a la profundidad de penetración de la energía en el tejido, absorción por el agua, etc. Los equipos actuales trabajan con potencias de entre 120 y 150 W, lo que se traduce en un mayor ritmo de vaporización (aproximadamente 1,5 g de tejido prostático por minuto de vaporización efectiva).